Lo escribí yo.
Quiero tener la oportunidad de contar cada peca que mancha tu piel. Quiero nombrar a cada una de ellas de una forma tan tierna que se torne ridícula. Quiero hacer dibujos sobre ellas porque sé que sólo yo podría distinguir las peculiares formas que juntas poseen. Quiero encontrarlas todas, no dejar ni la más pálida, ni la más oculta, sin nombrar, porque esas perfectas imperfecciones me dicen que ni los rayitos de sol se resistieron a marcarte de tan dulce manera. Quiero bailar a su ritmo. Quiero que la tinta que las colocó, las clone sobre mi, de nada sirven las que llevo si las que añoro son esas. Quiero pasar horas detallando cada una, ninguna se repite, ninguna se asemeja. ¿Si las fotografío, te molestas? Es que quiero que mis paredes sean corchos donde pueda colgar polaroids de cada una de esas pequitas. Quiero que sea una réplica gigante de la constelación que adorna tu cuerpo. No quiero que se borre ni una, así que cuidado en la ducha. Pero si alguna se llega a escapar, tranquilo, primero la tuve en mis manos, primero fue mía que del agua que se la llevó. Si es posible quiero que aparezcan más, hasta que no tenga dónde pintar, hasta que choquen unas con otras. Pero confieso, que aunque no nazcan nuevas, aunque en tu cuerpo existan pocas, siguen siendo la cantidad perfecta para mantenerme aquí, junto a ti, junto a ellas, observándolas despierta y atenta. Quiero ser tan alegre como esas manchitas, míralas como saltan de un lado a otro por el simple hecho de tener el privilegio de descansar sobre cada esquina de ti y alimentarse de tu olor, de tu sudor. Quiero ser así. Y es que… las vea de cerca o de lejos, todas, de la más clara a la más oscura, de la más pequeña a la más grande, todas son igual de llamativas antes mis ojos que, si no has notado, no dejan de brillar. Es entonces cuando me doy cuenta de que ESTO es lo más parecido y lo más cerca que quiero estar del cielo y las estrellas que lo cubren. Tus pecas, mis pecas. Me asomo en tu espalda, me lanzo sobre ella una vez más y con el sonido de tu respirar al dormir, las vuelvo a contar, las vuelvo a nombrar, las vuelvo a dibujar. Luego, si me permites, comenzaré con tus pestañas.
-Arianna Carolina.
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